“Llamo
a mi esposa: Gala, Galuchka, Gradiva (porque ha sido mi Gradiva);
Oliva (por el óvalo de su rostro y el color de su piel); Oliveta,
diminutivo catalán de oliva (aceituna); y sus delirantes derivados:
Oliueta, Oriueta, Buribeta, Buriueteta, Suliueta, Solibubuleta,
Oliburibuleta, Ciueta, Liueta.
También
la llamo Lionette, porque ruge, cuando se enoja, como el león de la
Metro-Goldwyn-Mayer;Ardilla, Tapir, Pequeño Negus (porque se parece
a un animado animalito selvático); Abeja (porque descubre y me trae
todas las esencias que se convierten en la miel de mi pensamiento en
la atareada colmena de mi cerebro). Me trajo el raro libro de magia
que debía nutrir mi magia, el documento histórico que probaba
irrefutablemente mi tesis cuando estaba en proceso de elaboración,
la imagen paranoica que mi subconsciente deseaba, la fotografía de
una pintura desconocida destinada a revelar un nuevo enigma estético,
el consejo que iba a salvar del romanticismo una de mis imágenes
demasiado subjetivas.
También llamo a Gala Noisette
Poilue-Avellana Vellosa (a causa del finísimo vello que cubre la
avellana de sus mejillas); y también «campana de piel» (porque lee
para mí en voz alta durante las largas sesiones de mi pintura,
produciendo un murmullo como de campana de piel, gracias al cual
aprendo todas las cosas que, sin ella, no llegaría a saber
nunca)…
Su cuerpo tiene una complexión infantil, sus
omóplatos y sus músculos lumbares la tensión de los adolescentes.
La curva de la espalda, por el contrario, era extremadamente femenina
y unía con gracia el torso enérgico y altivo a las finas nalgas que
su talle de avispa hacía todavía más deseable…
Mi Gradiva
(la que avanza), mi diosa de la Victoria, mi mujer. Para ello era
necesario que me curase. Y ello me curó gracias a la potencia
indomable e insondable de su amor, en que la profundidad de
pensamiento y la destreza práctica rebasaban los métodos
psicoanalíticos más ambiciosos".
Salvador Dalí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario