Saray Casares

MEDITACIÓN - CONTEMPLACIÓN - INTEGRACIÓN

ACCIÓN

INOCENCIA
"Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo"



Gracias inocencia, que me entregas al bosque sin yo olerme a presa ni imaginar al cazador tan cerca…

por mantenerme Alicia en sus días no tan gloriciosos.

Por llorar el horror, acompañada de Cocciante;

que me va el drama, sacudirme las rodillas y seguir corriendo.

Por sentir compasión y aceptar que no entiendo.


Inocencia intacta.


Porque aprendo que en la oscuridad más densa quizás haya un niño exigiendo el amor perdido.

Que ser maestro no es algo que le ocurre a "alguien".

Por enamorarme de la voz de Bambi, ahora sé que fue mi Totem.

Por saber que la verdad siempre es revelada y que puede venir en un paquetito desde Suecia, - entiéndame quien pueda, yo me entiendo-


Esta inocencia que me cuenta que la magia se reconoce y se calla;

y cuál es la diferencia entre sola y aislada.

Porque sé que tener un huerto, en el momento apropiado, te habla de ti;

y que una vez que plantas la semilla no hay que esperar, hay que amar.

Gracias inocencia, que todo lo naces.

Por mostrarme que los disfraces distorsionan cruelmente la realidad.

Porque a veces no perdono, no puedo. Y sigo siendo inocente.


Esta inocencia intacta,


por la que nací libre de todos los cargos, aunque responda por ellos.

Porque me deja de rodillas en un "hágase tu voluntad".

Porque conozco la traición, el desaliento, la culpa y la vergüenza; el orgullo, la envidia, la rabia y el agujero de la tristeza.


Y esta inocencia sigue intacta, y nos deja tan niños al crecernos tanto.


S.C





lunes, 12 de julio de 2010

A través del Espejo



 A través del espejo...

Recordaba aquel invierno tan crudo hacía ya algunos años, llovió tanto...y sin embargo Alicia sólo vio la lluvia a través de los cristales de su cuarto.
La tormenta debío haberla empapado,calarla entera, pero no lo hizo.
Al mirarse se dio cuenta de que algo en su rostro había cambiado, había sido imperceptible a los ojos de los demás, pero ella lo sabía. Estaba muy cansada, el sueño la vencia.

Sentada, delante de aquel espejo, decidió que a partir de aquel momento amaría el invierno, su invierno, le pertenecía. Dejaría que el huracan que se precipitaba sobre ella la aplastara por completo, durante el tiempo que fuera necesario.
Debía volver, reconciliarse con el gato, tomar la pócima que la devolviera a su estatura de adulta.
 Su corazón palpitaba a mil por hora,
sin pensarlo dos veces, salió corriendo hacia el árbol...