Leela,
lágrimas fuertes caen por dentro.
Oxigenan cada célula.
Son sabia medicina, de la ancestral;
provienen de lo que intuye como madre, como útero infinito.
Y una compresión vasta de su interno rojo y del hijo sin rostro.
La visitan danzas, tambores, pájaros, fuego, tinta negra sobre el estómago, piedra y templo, desierto, sexo,hierba mojada.
La habita un todo que estalla en un alarido de gratitud,
las palmas al cielo,
lo que sabe.
Ignoró por un tiempo tener el tesoro,
escogió su silla favorita y se destinó a respirar hasta que el rayo primigenio la ensartara por el ombligo,
las palmas al cielo,
y los ojos, sobre todo los ojos.
Siempre hay respuesta para el que implora.
Cae al suelo enamorada, loca,
escuchar es la verdadera acción.
Se le había esfumado tantas veces...
Escucha y paz fundidos, uno.
Nunca pudo bajarse del escenario, porque no subió donde creía.
Rodeada por otras formas ahora Guruji decía:
Escucha,
es tiempo de,
escucha y no digas nada,
escucha y habla,
escucha y acciona,
escucha y no te muevas, que el silencio lo devora todo,
escucha, ¿cómo podrías morir aquí?
Relaja en tensión,
todo abierto en canal, un canal;
tensión de amor.
El que ama nunca sabe qué vendrá.
Leela, cae en golpe seco y dulce enamorada de la escucha,
reveladora de lo eterno;
se insinúa en el núcleo de la prisa,
se manifiesta, cuando sin lugar a dudas, resultaste famélico,
pero no se puede repetir,
lo que emana sin origen no tiene semejanza.
Es llamado inspiración,
es llamado fuerza universal,
es llamado Ganga,
la partícula que explosionó en todo,
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