Saray Casares

MEDITACIÓN - CONTEMPLACIÓN - INTEGRACIÓN

ACCIÓN

INOCENCIA
"Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo"



Gracias inocencia, que me entregas al bosque sin yo olerme a presa ni imaginar al cazador tan cerca…

por mantenerme Alicia en sus días no tan gloriciosos.

Por llorar el horror, acompañada de Cocciante;

que me va el drama, sacudirme las rodillas y seguir corriendo.

Por sentir compasión y aceptar que no entiendo.


Inocencia intacta.


Porque aprendo que en la oscuridad más densa quizás haya un niño exigiendo el amor perdido.

Que ser maestro no es algo que le ocurre a "alguien".

Por enamorarme de la voz de Bambi, ahora sé que fue mi Totem.

Por saber que la verdad siempre es revelada y que puede venir en un paquetito desde Suecia, - entiéndame quien pueda, yo me entiendo-


Esta inocencia que me cuenta que la magia se reconoce y se calla;

y cuál es la diferencia entre sola y aislada.

Porque sé que tener un huerto, en el momento apropiado, te habla de ti;

y que una vez que plantas la semilla no hay que esperar, hay que amar.

Gracias inocencia, que todo lo naces.

Por mostrarme que los disfraces distorsionan cruelmente la realidad.

Porque a veces no perdono, no puedo. Y sigo siendo inocente.


Esta inocencia intacta,


por la que nací libre de todos los cargos, aunque responda por ellos.

Porque me deja de rodillas en un "hágase tu voluntad".

Porque conozco la traición, el desaliento, la culpa y la vergüenza; el orgullo, la envidia, la rabia y el agujero de la tristeza.


Y esta inocencia sigue intacta, y nos deja tan niños al crecernos tanto.


S.C





domingo, 15 de febrero de 2015

Canción de amor para mi mismo

Tú eres aquel con quien me despierto cada mañana. Aquel con el que respiro, aquel cuyo latido siento como mío. 
Tú eres aquel con el que camino, aquel con el que hablo y canto, aquel que se queda conmigo en cada momento de despertar de cada día sagrado. 
Tú eres aquel con el que me enfermo, con el que lloro, aquel cuya ira y alegría y duda surge a través mío como fuego. Tú eres aquel con el que moriré, aquel a cuyos brazos regresaré. 
Tú eres aquel que veo en cada rostro, brillando a través de cada par de ojos, resplandeciendo a través de los silencios, los senderos de polvo y los espacios en el follaje. 
Tú eres mi constante compañía, mi hogar, mi razón, mi alegría, mi vida. No podemos ser separados, no podemos ser dos, e incluso 'Uno' es demasiado para nosotros.

Entono esta canción para mí mismo, desapareciendo en ella, y nunca estoy solo.

- Jeff Foster

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