Saray Casares

MEDITACIÓN - CONTEMPLACIÓN - INTEGRACIÓN

ACCIÓN

INOCENCIA
"Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo"



Gracias inocencia, que me entregas al bosque sin yo olerme a presa ni imaginar al cazador tan cerca…

por mantenerme Alicia en sus días no tan gloriciosos.

Por llorar el horror, acompañada de Cocciante;

que me va el drama, sacudirme las rodillas y seguir corriendo.

Por sentir compasión y aceptar que no entiendo.


Inocencia intacta.


Porque aprendo que en la oscuridad más densa quizás haya un niño exigiendo el amor perdido.

Que ser maestro no es algo que le ocurre a "alguien".

Por enamorarme de la voz de Bambi, ahora sé que fue mi Totem.

Por saber que la verdad siempre es revelada y que puede venir en un paquetito desde Suecia, - entiéndame quien pueda, yo me entiendo-


Esta inocencia que me cuenta que la magia se reconoce y se calla;

y cuál es la diferencia entre sola y aislada.

Porque sé que tener un huerto, en el momento apropiado, te habla de ti;

y que una vez que plantas la semilla no hay que esperar, hay que amar.

Gracias inocencia, que todo lo naces.

Por mostrarme que los disfraces distorsionan cruelmente la realidad.

Porque a veces no perdono, no puedo. Y sigo siendo inocente.


Esta inocencia intacta,


por la que nací libre de todos los cargos, aunque responda por ellos.

Porque me deja de rodillas en un "hágase tu voluntad".

Porque conozco la traición, el desaliento, la culpa y la vergüenza; el orgullo, la envidia, la rabia y el agujero de la tristeza.


Y esta inocencia sigue intacta, y nos deja tan niños al crecernos tanto.


S.C





lunes, 3 de noviembre de 2014

La salida del Laberinto



                                                                                   

¿Quíen eres tú?

Esta parece una pregunta simple con una respuesta obvia. Podemos contestar: “Me llamo Ana o Jorge, ésta es mi edad, ésta es mi familia, allí nací, me dedico a ésto y estas son mis metas”
En el plano cuerpo-mente todo esto es real, es quíen tú eres.

¿Te satisface esta respuesta?

Si te satisface, fantástico. ¿Qué más se puede objetar?

Si no te satisface, significa que hay una llamada en ti. No es una llamada mejor ni más elevada desde el punto de vista egóico. Tu alma, tu ser, tú, anhelas algo más. Y ni siquiera tienes la elección de que este anhelo esté ahí. Simplemente está. Y no hay manera de acallarlo.
Llegado un momento deseas abandonar todos los roles, este es tu anhelo. Abandonar el  mayor rol que existe para el ser humano, “yo soy víctima”. Dejarlo ir. 
Es aquí cuando Gautama Buddha dijo: “El dolor está, el sufrimiento es una elección”.

Tu anhelo te recuerda que lo que tú eres es paz, es armonía, es amor. No tus subidas y bajadas, no el desaliento, no la pena o el sentimiento de pérdida.

¿Cómo sabes eso?
¿Cómo reconoces la paz,  o la bondad?

Para reconocer lo que tú eres no se necesitan "20 pasos a",ni "10 leyes para". No es un estado que tú puedas alcanzar. Necesitas permanecer aquietado.
San Pablo dijo: “Quédate quieto y conoce a Dios”.

Aunque cite a Buddha o a San Pablo no te hablo de religión.

Te hablo de eso que se encuentra en el corazón de toda religión, de la mística, de la magia, del arte. El sentido intuitivo de existencia. Existencia más allá del cuerpo.

Imagina un laberinto.
Un laberinto lleno de puertas; cada una de ellas te entretendrá por un tiempo, puesto que cada una de ella posee un poder; el poder que tú le otorgues.
Una de ellas, te muestra el mundo de la auto imagen (ideas, conceptos, y las defensas que haces de estos mismos)
Otra abre ante ti un mundo onírico. Tus sueños, ilusiones, y tus metas. También todo aquello que se espera de ti.
Otra está llena de historias, historias de víctimas y verdugos.
Otra te hablará de sabotajes, manipulaciones y todo tipo de estrategias evasivas.

Abre todas las puertas si eso es lo que quieres. Ábrelas, experimenta y disfruta todo lo que te ofrecen. 
Juega como un niño inocente pero ten la sabiduría que conoce que ninguna de ellas al final define quíen eres.

La salida que tu corazón anhela es tan simple que ni has reparado en ella.
Párate.  Vuélvete hacía ti mismo. Quédate en silencio, ahí.

No se esperaba que hicieras eso.
No se esperaba que encontraras la salida del Laberinto.


S.Casares




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