Saray Casares

MEDITACIÓN - CONTEMPLACIÓN - INTEGRACIÓN

ACCIÓN

INOCENCIA
"Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo"



Gracias inocencia, que me entregas al bosque sin yo olerme a presa ni imaginar al cazador tan cerca…

por mantenerme Alicia en sus días no tan gloriciosos.

Por llorar el horror, acompañada de Cocciante;

que me va el drama, sacudirme las rodillas y seguir corriendo.

Por sentir compasión y aceptar que no entiendo.


Inocencia intacta.


Porque aprendo que en la oscuridad más densa quizás haya un niño exigiendo el amor perdido.

Que ser maestro no es algo que le ocurre a "alguien".

Por enamorarme de la voz de Bambi, ahora sé que fue mi Totem.

Por saber que la verdad siempre es revelada y que puede venir en un paquetito desde Suecia, - entiéndame quien pueda, yo me entiendo-


Esta inocencia que me cuenta que la magia se reconoce y se calla;

y cuál es la diferencia entre sola y aislada.

Porque sé que tener un huerto, en el momento apropiado, te habla de ti;

y que una vez que plantas la semilla no hay que esperar, hay que amar.

Gracias inocencia, que todo lo naces.

Por mostrarme que los disfraces distorsionan cruelmente la realidad.

Porque a veces no perdono, no puedo. Y sigo siendo inocente.


Esta inocencia intacta,


por la que nací libre de todos los cargos, aunque responda por ellos.

Porque me deja de rodillas en un "hágase tu voluntad".

Porque conozco la traición, el desaliento, la culpa y la vergüenza; el orgullo, la envidia, la rabia y el agujero de la tristeza.


Y esta inocencia sigue intacta, y nos deja tan niños al crecernos tanto.


S.C





lunes, 23 de noviembre de 2009

Soy del tamaño de lo que veo...

"¡Soy del tamano de lo que veo!

Cada vez que pienso en esta frase con toda la atención de mis nervios, me parece más y más destinada a renconstruir consteladamente el universo. Soy del tamaño de lo que veo. Que gran poder mental va desde el pozo de las emociones profundas hasta las altas estrellas que él se reflejan, y que así, en cierto modo, estan allí.

Con conciencia de saber ver, contemplo la vasta metafísica objetiva de los cielos con una seguridad que me dan ganas de morir cantando. Ganas me dan de levantar los brazos y gritar cosas de una salvajeria no conocida, de decir palabras a los altos misterios, de afirmar una nueva personalidad ensanchada a los grandes espacios de la materia vacía.

Soy del tamaño de lo que veo. Y la frase se queda convertida en mi alma entera, reclino sobre ella todas las emociones que siento, y sobre mí, por dentro, como por fuera sobre la ciudad, cae la paz indescifrable de la dura luz de la luna que empieza a propagarse con el anochecer."

F.Pessoa.

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